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La investigación científica de los últimos años ha arrojado luz sobre la compleja interacción entre el sistema digestivo, el sistema inmune y el sistema nervioso. En los trastornos del neurodesarrollo, como el TEA o el TDAH, se observa con una frecuencia significativamente mayor la presencia de ciertas condiciones gastrointestinales y metabólicas . Mi labor como Dietista-Nutricionista es identificar y abordar estas condiciones asociadas a través de un plan nutricional personalizado, con el objetivo de ser una herramienta de apoyo para mejorar el bienestar general y la calidad de vida de mis pacientes.

Áreas de Intervención

La selectividad alimentaria severa es un patrón de ingesta restringido, donde se aceptan muy pocos alimentos, a menudo basados en una preferencia por un sabor, textura, color o grupo alimentario específico. Esto puede comprometer seriamente el estado nutricional  generando carencias nutricionales que comprometen el normal desarrollo de y generan un gran estrés familiar.
Conexión con el neurodesarrollo: En el Trastorno del Espectro Autista (TEA), la selectividad alimentaria es una de las comorbilidades más comunes. A menudo está profundamente ligada a características propias del trastorno, como la hipersensibilidad sensorial (rechazo a ciertas texturas, olores o sabores), la rigidez cognitiva (necesidad de rutinas y alimentos predecibles) o dificultades en la motricidad oral. Este patrón restrictivo puede conducir a déficits de nutrientes clave que son esenciales para la función cerebral, creando un círculo vicioso.

Incluye un conjunto de síntomas gastrointestinales crónicos o recurrentes como el estreñimiento, la diarrea, el dolor abdominal, el reflujo, la hinchazón o los gases, que no se explican por una alteración estructural o bioquímica aparente en las pruebas convencionales. Otros trastornos digestivos que se asocian con mayor frecuencia a los trastornos del neurodesarrollo son condiciones como la esofagitis o la duodenitis eosinofílica.
La prevalencia de alteraciones digestivas en niños y adultos con TEA es entre 3 y 4 veces mayor que en la población neurotípica. Este dolor o malestar digestivo crónico, que muchos niños no pueden verbalizar, puede ser una de las causas subyacentes que contribuyen a  alteraciones del comportamiento, irritabilidad, problemas de sueño…etc
Mi labor es analizar la dieta para identificar posibles alimentos desencadenantes, diseñando pautas para regular el tránsito intestinal, y utilizar estrategias de alimentación con potencial antiinflamatorio para mejorar la sintomatología de estos trastornos.

La microbiota intestinal es el ecosistema de billones de microorganismos que habitan en nuestro intestino. Un desequilibrio en este ecosistema se conoce como disbiosis. El SIBO, por su parte, es un tipo específico de disbiosis donde hay un crecimiento excesivo de bacterias en el intestino delgado, un lugar donde normalmente deberían ser escasas.
Numerosos estudios han identificado diferencias significativas en la composición de la microbiota de personas con TEA en comparación con controles neurotípicos. Se ha observado que una microbiota alterada puede producir metabolitos que atraviesen la barrera intestinal y la barrera hematoencefálica, pudiendo influir en la neuroinflamación y en la función de los neurotransmisores.
El objetivo es reequilibrar el ecosistema intestinal. A través de la alimentación, podemos modular la microbiota, «alimentando» a las bacterias beneficiosas y limitando el sustrato de las potencialmente patógenas. Diseñamos planes nutricionales específicos, como dietas bajas en FODMAPs de forma controlada y temporal en casos de sospecha de SIBO, y valoramos el uso estratégico de prebióticos y probióticos basados en la evidencia disponible.

La pared de nuestro intestino es una barrera inteligente que debe permitir la absorción de nutrientes pero impedir el paso de sustancias no deseadas. Cuando esta barrera se daña y sus uniones se «abren», se produce la hiperpermeabilidad o «intestino permeable». Esto permite que toxinas, microbios o partículas de alimentos no digeridos pasen al torrente sanguíneo.
El paso de estas sustancias al torrente sanguíneo activa una respuesta del sistema inmunitario, generando inflamación de bajo grado a nivel sistémico que puede afectar al cerebro. El abordaje nutricional permite aportar los nutrientes clave para reparar las células intestinales, asegurando una correcta absorción de nutrientes e impidiendo la entrada al torrente sanguíneo de sustancias no digeridas.

El eje intestino-cerebro es una compleja red de comunicación bidireccional que conecta nuestro sistema digestivo con nuestro cerebro. Esta «superautopista» funciona a través de vías nerviosas (como el nervio vago), hormonales e inmunitarias. Una parte fundamental de esta conexión es que una gran proporción de nuestros neurotransmisores, como la serotonina (implicada en el estado de ánimo y el sueño), se produce en el intestino por nuestras bacterias.
Si la base de esta comunicación —el intestino— está inflamada, es permeable o su ecosistema microbiano está alterado (como hemos visto en los puntos anteriores), la señalización hacia el cerebro será defectuosa. Esto puede traducirse en una producción inadecuada de neurotransmisores y en un estado de neuroinflamación, lo que puede exacerbar síntomas de ansiedad, irritabilidad, falta de concentración o problemas de sueño.
Nuestro trabajo se centra en optimizar la salud de la base de este eje: el intestino. Al modular la microbiota, reparar la barrera intestinal y reducir la inflamación, buscamos crear un entorno intestinal saludable. El objetivo es que la comunicación a través del eje intestino-cerebro sea lo más fluida y equilibrada posible, ofreciendo así un soporte indirecto pero fundamental a la función neurológica.

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Mi metodología

El primer paso es una conversación en profundidad para conocer tu historia clínica y la de tu familia. Recopilamos toda la información relevante sobre tu salud, estilo de vida y hábitos alimentarios para tener un punto de partida completo.

A partir de la información recogida, realizamos un estudio completo de tu estado nutricional para identificar desequilibrios, déficits o necesidades específicas.

Con todos los datos, diseñamos tu plan nutricional. No se trata de una dieta genérica, sino de una hoja de ruta clara y adaptada a ti, con pautas, menús y recomendaciones prácticas.

Te acompañamos en todo el proceso a través de consultas de seguimiento para resolver dudas, realizar ajustes y darte las herramientas educativas necesarias para que logres tus objetivos de salud de forma autónoma y duradera.

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